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¿Qué causa la aparición de la violencia en menores y adolescentes?

Contra todo tipo de violencia física y emocional, avanza en un nuevo punto del ciclo de la violencia y en este caso la filio-parental es otro de los tipos comunes de violencia, aunque no sea reconocido como tal, es por esto que la Fundación Alejandro Márquez González afianza su lucha contra todo tipo de violencia y abre una nueva vertiente para que la población siempre sea informada y atenta a cualquier alarma.

Diversos estudios concluyen que, la mayoría de los hijos menores que ejercen violencia contra sus padres han vivido también situaciones de violencia familiar. Es decir, cuando el menor observa o sufre situaciones de malos tratos o agresiones (tanto físicos como psicológicos), es más propenso a ejercerlas él mismo en el futuro. Otro de los factores determinantes para la aparición de esta violencia es la falta de límites, supervisión y control y la pérdida de autoridad parental. 

 Así, estas situaciones suelen seguir siempre un modelo cíclico, parecido al de otros tipos de violencia, que se caracteriza por seguir las siguientes fases: 

 Fase de acumulación de tensión: En ella, el hijo acumula tensión debido a la existencia de enfrentamientos con sus padres. Esta tensión es cada vez mayor porque no existen factores que la desactiven. 

 Fase de explosión: En esta fase es cuando se produce la situación de violencia descontrolada. 

 Fase de arrepentimiento: Como resultado de la descarga de violencia, se produce en el hijo un falso arrepentimiento que, en muchas ocasiones, no es más que el comienzo de una nueva fase de acumulación de tensión que culminará en otro episodio violento. 

Cuando el menor observa o sufre situaciones de malos tratos o agresiones (tanto físicos como psicológicos), es más propenso a ejercerlas él mismo en el futuro”

 Otro punto importante es conocer cuál es la actitud que presenta cada una de las partes en cada uno de estos episodios:  

Los progenitores

En la primera fase, muestran una actitud suave y conciliadora. Son conscientes de que hay una situación tensa e intentan reducir el estrés familiar. El hijo, por su parte, interpreta esta actitud como una rendición y sumisión y comienza a exigir de forma agresiva y desmedida su pretensión, dejando sin autoridad a sus progenitores quienes, ante ello, cambian su actitud a una más hostil y severa (que conlleva nuevamente estrés familiar y lleva a la acumulación de tensión).

Comienza entonces la segunda fase, en la que el hijo lleva a cabo ataques más intensos (y violentos) y con más frecuencia. Como consecuencia se produce la paralización de los padres, que aceptan la pérdida de autoridad y, reafirman inconscientemente la situación de supremacía y triunfo de su hijo, que vuelve a repetir el ciclo. 

Hay varios aspectos particulares que definen este tipo de violencia. Por ejemplo, el hecho de que rara vez es denunciada. Los padres sostienen la situación durante mucho tiempo haciendo que se convierta en crítica antes de tomar la decisión de buscar ayuda externa. Existe, por tanto, una enorme cifra oscura, que no puede ser medida ni controlada.

También, hay que tener en cuenta, que los padres están cada vez más condicionados por el comportamiento abusivo y reiterado de su hijo, por lo que no saben cómo manejar la situación de manera correcta. Otro punto importante es que esta violencia, en ocasiones, deriva en violencia intrafamiliar. El hijo, tras la fase de acumulación, puede llegar a la fase de explosión frente a cualquier estímulo de otro familiar, ya sean hermanos u otro pariente que conviva en el círculo familiar. 

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